nadakedecir*

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sábado 12 de julio de 2008





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tomado de: En el principio fue la línea de comandos; de Neal Stephenson



Una cultura enorme, rica y nuclear que propaga sus valores nucleares mediante la inmersión mediática parece una mala idea. Está el riesgo obvio de errar. Las palabras son el único medio inmutable que tenemos, que es el motivo por el cual son el vehículo preferido para conceptos extremadamente importantes como los Diez Mandamientos, el Corán, y la Declaración de Derechos. A menos que los mensajes transmitidos por nuestros medios vayan ligados a algún conjunto fijo de preceptos, pueden desperdigarse por doquier y posiblemente llenar la mente de la gente de estupideces.



Orlando tenía una base militar llamada la McCoy Air Force Base, con largas pistas de las que podían despegarlos B-52 para llegar a Cuba o a cualquier otro lugar, cargados de bombas nucleares. Pero ahora McCoy ha sido desmantelada y sus instalaciones se han destinado a otros fines. El aeropuerto civil de Orlando las ha absorbido. Las largas pistas se usan ahora para descargar turistas llegados en vuelos 747 desde Brasil, Italia, Rusia y Japón, a fin de que vengan a Disney World a empaparse de nuestros medios durante un tiempo.



Para las culturas tradicionales, especialmente las basadas en la palabra como el Islam, esto resulta infinitamente más amenazante de lo que lo fueron jamás los B-52. Resulta obvio para cualquiera fuera de los Estados Unidos que nuestras archimuletillas, multiculturalismo y diversidad, son fachadas que encubren (en muchos casos involuntariamente) una tendencia global a erradicar las diferencias culturales. El pilar básico del multiculturalismo (o de "honrar la diversidad", o como se quiera llamarlo) es que las personas tienen que dejar de juzgarse unas a otras - dejar de aseverar (y, gradualmente, dejar de creer) que esto está bien y esto está mal, que una cosa es fea y otra hermosa, que Dios existe y tiene estas o aquellas cualidades.



La lección que la mayor parte de la gente ha extraído del Siglo Veinte es que, para que un gran número de diferentes culturas coexistan pacíficamente en el globo (o incluso en el barrio) es necesario que la gente suspenda el juicio de este modo. De ahí (argumento) nuestra sospecha, u hostilidad, respecto de todas las figuras de autoridad en la cultura moderna. Como explicó David Foster Wallace en su ensayo "E Unibus Pluram", éste es el mensaje fundamental de la televisión; es el mensaje que la gente se lleva a casa, de cualquier modo, tras llevar inmersos en los medios el tiempo suficiente. No está expresado en esos trminos altisonantes, claro. Se transmite a través de la presunción de que todas las figuras de autoridad - maestros, generales, policías, sacerdotes, políticos - son bufones hipócritas, y que el cinismo descreído es el único modo de ser.



El problema es que una vez que nos hemos librado de la capacidad de juzgar lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, etc., ya no queda cultura. Todo lo que queda son los bailes folclóricos y el macramé. La capacidad de juicio, de creencia, es el fin mismo de tener una cultura. Creo que por eso aparecen a veces tipos con metralletas en lugares como Luxor, y empiezan a disparar a los occidentales. Entienden perfectamente la leccin de la base area McCoy. Cuando los hijos llegan con gorras ladeadas de los Chicago Bulls, los padres enloquecen.



La anticultura global transmitida a todos los rincones del mundo por la televisión es una cultura en sí misma, y según los estándares de grandes y antiguas culturas como el Islam o Francia, parece inmensamente inferior, al menos al principio. Lo único bueno que se puede decir de ella es que hace que guerras mundiales y holocaustos parezcan menos probables - ¡y de hecho, eso es algo bastante bueno!



El único problema real es que cualquiera que no tenga más cultura que esta monocultura global está completamente jodido.
Cualquiera que crezca viendo la televisión, que nunca vea nada de religión o filosofía, se críe en una atmósfera de relativismo moral, aprenda ética viendo escándalos sexuales en el telediario, y vaya a una universidad donde los postmodernistas de desviven por demoler las nociones tradicionales de verdad y calidad, va a salir al mundo como un ser humano bastante incapaz. Y - de nuevo - tal vez el fin de todo esto es hacernos incapaces, de modo que no nos bombardeemos mutuamente con armas nucleares.



Por otro lado, si te crías en el ámbito de una cultura dada, acabas con un conjunto básico de herramientas que se pueden usar para pensar y comprender el mundo. Puedes usar esas herramientas para rechazar la cultura en que te criaste, pero al menos tienes algunas herramientas.



Simplemente, la cuestión es que estamos demasiado ocupados hoy en día como para comprenderlo todo con detalle. Y es mejor comprenderlo por una interfaz, oscuramente, que no comprenderlo en absoluto. Mejor que diez millones ... vayan al Safari por el Kilimanjaro en Disney World que no que mil cirujanos cardiovasulares y directores de aseguradoras vayan de safari auténtico por Kenia. La frontera entre ambas clases es más porosa de lo que he dado a entender. Constantemente me encuentro con tipos normales - albañiles, mecánicos, taxistas, gente de a pie en general - que básicamente carecían de cultura hasta que algo hizo necesario que se convirtieran en lectores y empezaran a pensar en serio acerca de las cosas. Tal vez tuvieron que vérselas con el alcoholismo, tal vez fueron a la cárcel, o enfermaron, o sufrieron una crisis de fe, o simplemente se aburrieron. Tales personas pueden aprender acerca de temas particulares a toda prisa. A veces su falta de una educación amplia les lleva a emprender empresas intelectuales desquiciadas pero bueno, al menos la empresa intelectual desquiciada es un buen ejercicio. El fantasma de una política controlada por los caprichos y veleidades de los votantes que creen realmente que hay diferencias significativas entre las cerveza Bud Lite y Miller Lite, y que creen que la lucha libre es real, es naturalmente alarmante para aquellos que no lo creen. Pero los países controlados mediante la interfaz de la línea de comandos, por así decirlo, por sesudos intelectuales, ya sean religiosos o seculares, son por lo general tristes lugares donde vivir. La gente sofisticada se burla de los entretenimientos disneyescos por facilones y asacarinados, pero si el resultado es provocar reflejos básicamente cálidos y simpatéticos a nivel preverbal en cientos de millones de iletrados inmersos en los medios, no pueden ser tan malos. Anoche matamos una langosta en nuestra cocina y mi hija lloró durante una hora. Los japoneses, que solían ser el pueblo más feroz del mundo, están obsesionados con adorables personajes de dibujos animados. Mi propia familia - la gente que mejor conozco - está dividida de modo más o menos equitativo entre personas que probablemente lean este ensayo y personas que casi con toda certeza no lo harán, y no puedo decir a ciencia cierta que un grupo sea necesariamente más cálido, feliz, o mejor adaptado que el otro.



tomado de: En el principio fue la línea de comandos; de Neal Stephenson









y eso sería todo; saludos cordiales










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