Nadakedecir*
viernes 16 de agosto de 2002
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El programa especificaba que se habría de debatir alguna cosa relacionada con el arte. El evento tenía lugar en una de las salas del Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago de Chile, y habría expositores, y luego el público podría intervenir y preguntar y opinar.
A esto se le llamaba utilizando la expresión corriente de Mesa Redonda, con bien poco criterio, porque la mesa donde se sentarían los expositores era larga y rectangular, y no había ninguna mesa redonda por ninguna parte.
Esta persona del público se sorprendió realmente de lo que oía, pues dispuesto como estaba a escuchar pacientemente puras tonterías durante un par de horas, pudo escuchar en cambio algunas cosas bien interesantes.
Pero más se sorprendió cuando uno de los conferenciantes se le acercó al final, cuando se encendieron las luces, y le dijo tres cosas en un crescendo perfecto:
Que lo había sorprendido verlo atender las exposiciones sin pestañar, que luego pensó que era porque carecía de párpados, para terminar diciéndole que el espectador le había recordado por su expresión al aspecto que presenta un zopilote.
El hombre no había alcanzado a reponerse de la sorpresa y estaba pensando que lo habían comparado con un ave de rapiña muy poco presentable, y si podría responder algo coherente a eso sin incurrir en mala educación, cuando la persona que había estado al lado del conferenciante en el estrado, una artista con aspecto tirando a inocente que inducía a confusión, escuchó lo de zopilote, y no quedando claro si lo que quería era diluir o reforzar lo dicho por su vecino, expresó que en realidad lo que el hombre tenía era cara de loco.
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Alguna gente piensa que somos como nos ven los demás.
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Esto pensó ese hombre, que además se había engañado toda su vida creyendo que si la sala donde se encuentra el público está oscura, y el estrado iluminado, sería imposible desde el estrado ver a nadie del público.
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No es por preocupar a nadie, pero pareciera que siempre es posible que haya alguien que nos esté viendo, y que quizás nos vea exactamente como somos, y no como creemos que somos.
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Y aunque esto no fuera realmente así, podríamos vivir como si alguien estuviera viéndonos todo el tiempo.
Para estar algo presentables ante nosotros mismos, nuestro testigo más implacable, quienes estamos allí viéndonos, todo el tiempo, de día y también de noche.
Y eso sería todo. Saludos cordiales.
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